Nuestra Conexión Sagrada con la Madre Tierra: Unidad
Con la llegada del Día de la Tierra, es difícil entender por qué no es el día más celebrado del año. Parece apenas un pequeño detalle en el radar, mientras todos nos centramos en el próximo Día de la Madre. Yo también quiero a mi madre, pero la Tierra es la Madre OG y siempre me sorprende la poca importancia que le damos a esta conexión que tenemos con ella. Todos entendemos superficialmente que la Tierra es nuestro hogar, el suelo bajo nuestros pies, pero seguimos desconectados en un sentido más amplio, como si nuestros destinos no estuvieran entrelazados, como si nosotros no estuviéramos entrelazados. Pero vale la pena recordar que no somos una excepción a la regla de la vida en este planeta.
Escuchamos palabras de moda como sostenibilidad y vida ecológica, y algunos participamos con desgana, pero en general damos por sentado nuestro hogar. A medida que el debate sobre el bienestar se populariza y cada vez más personas se dan cuenta de que cultivar nuestra conexión interior, profundizar en la riqueza de nuestra vida interior, es esencial para una vida plena, la Tierra brilla por su ausencia o se incluye en un segundo plano. Sin embargo, no puede haber alineación interior y exterior sin reconocer esta conexión sagrada que precede a todas las demás. El mismo impulso que nos impulsa hacia nuestro propio bienestar, hacia nuestro propio crecimiento y alineación, no puede estar completo sin reconocer la raíz de nuestro ser: nuestro hogar.
Después de todo, la luna influye en las mareas del océano y en nuestros ciclos menstruales. El sol nos reconforta el ánimo y nos da bienestar. Las plantas nos sustentan con aire para respirar y alimento para comer, y es difícil negar la conexión espiritual que sentimos al sumergirnos en la naturaleza. Hemos mirado al cielo desde el inicio de la autoconciencia, pero la conexión con la tierra bajo nuestros pies es aún más antigua.
Esta Tierra no es nuestro derecho de nacimiento; es nuestra madre. Se trata de administración y responsabilidad, y de cuidar de nuestra madre como lo hacen todos los niños al crecer. Debemos escuchar, en silencio y sin interrupciones, el entorno natural y honrar el regalo que nos brinda. Al escuchar, nos sentimos conectados con la tierra, con nuestro pasado evolutivo y con nosotros mismos.
